domingo, 22 de febrero de 2026

Pepino: cabeza del triunfo rojo


“(…) Pero detrás y todo, su importancia en el triunfo del América es concluyente o ¿acaso no se dice que cuando la cabeza falla, falla todo...? ¿Quién porfió para obtener el concurso de Ochoa Uribe cuando todos lo considerábamos una quimera? ¿Quién se empeñó por canalizar el espíritu innato de una afición que se sintió, por primera vez, en el plano que exigía y merecía? ¿Quién invirtió como nunca se había hecho en nuestro país, a costa de ganarse el calificativo de loco, como si nunca entendiéramos que las genialidades siempre debemos esperarlas de los tales "locos"? No hay caso. José Sangiovanni Russo, titular del onceno escarlata para muchos o para todos, Pepino, así no más, porque no hay que hacerle antesala tres días seguidos, porque no es el presidente de escritorio, porque cambió la imagen de aquellos dirigentes enemigos de los jugadores, porque a comienzos de año, cuando América salió a hacer su primer "cross", se enfundó un buzo, salió a trotar con el equipo y no llegó precisamente de último, porque en su cuerpo vive el alma de un futbolista que puede cobrar una pena máxima con toda la propiedad del caso.

Más colombiano que muchos

Pepino Sangiovanni nació en un pueblito del sur de Italia (Orsomarso), pero hace 21 años vive en Cali y no es casualidad. Pepino es un enamorado de Colombia y en muchos casos, nos ha enseñado a ser nacionalistas y a defender lo nuestro. Cree en el valor nacional, está feliz porque en el cuadrangular dos técnicos criollos les ganaron el duelo a sus colegas argentinos y es un convencido de que el fútbol colombiano está para cosas grandes.

"Es únicamente cuestión de organización, de reunión de factores. En el caso del América, por ejemplo, hubo muchos "cracks", hubo buenos dirigentes, pero solo el día que llegó un técnico campeón, disciplinado, de mentalidad ganadora, solo allí salimos campeones".

Es que Pepino conoce al América más tiempo de lo que la gente cree. Apasionado del fútbol desde niño, jugador con pelota de trapo en cualquier "peladero" y enamorado como la mayoría de los italianos del color rojo (aparte del "azzurro", claro está), un día fue al estadio a ver un partido entre América y Cúcuta. "Me sentí impactado. Primero lo del color. Después me quedé viendo la hinchada, el estadio estaba despoblado pero la poca gente que había vibraba con un espíritu que me hizo acordar del Nápoles. Fue casi que amor a primera vista. En 1970 me vinculé al equipo, en 1971 fui elegido en la junta directiva, tuve que retirarme y regresé en el 75 para luego, en diciembre de 1978, ser elegido presidente".

Pepino es dueño de dos fábricas, Aguila Roja y Nuria. Semejante cargo, presidente del América, lo colocó en un dilema felizmente resuelto: "Cuando creció la posibilidad de ser elegido, reuní a mi familia, les hablé directamente, ellos conocen mi temperamento, saben que nunca me gustó fracasar, les dije que si iba al América era para trabajar con todo y ellos comprendieron. En especial tengo que resaltar la colaboración de mi hijo Héctor y el extraordinario apoyo de mis obreros que entendieron el momento".

Secretos del éxito

Bueno, Pepino, por qué América sale campeón; aparte de los resultados futbolísticos, cómo se llegó al título ... "Es para hablar varios días. Pero por encima de todo, lo fundamental radicó en la concientización sobre la necesidad de luchar juntos. Eso de las vedettes pasó a la historia. En el América no hay estrellas, todos somos iguales y cada uno tiene sus propias responsabilidades. Hable con los jugadores, le dirán que yo soy simplemente un compañero, dispuesto a atenderlos siempre. Los directivos del América no somos enemigos de los jugadores. Nos identificamos plenamente con el técnico Ochoa en ese sentido, en el de laborar conjuntamente, sin discriminaciones de ninguna clase. Yo hago fútbol con ellos, dialogo con ellos, comparto los momentos más difíciles con ellos, los regaño en el éxito, no en la derrota, porque cuando perdemos nadie se exaspera, nadie grita, nadie se rasga las vestiduras, comprendimos que el equipo es solo una parte de la institución y que cuando ésta es organizada, el equipo marcha. No puede ser de otra manera ni mucho menos al revés".

Pero, ¿no cambia América ahora, no deja de ser la "mechita" para convertirse en el campeón? "Mire. Ahora que pasaron los festejos y que vuelve la cabeza fría entendemos perfectamente que esa primera estrella es solo un paso, importante, extraordinario, pero un paso. Vendrá ahora la inmensa responsabilidad de no dormirnos sobre los laureles, de concretar lo de la sede porque no es justo que después de muchos años el club no tenga ni siquiera una cancha de su propiedad; hay que hacer un balance reposado sobre los errores que pudimos cometer en el 79, trazar nuevas pautas, buscar equivocarnos lo menos posible y trabajar con la misma filosofía y el mismo entusiasmo del año anterior".

En medio del torbellino de frases de Pepino, en el inevitable regreso a aquel partido, como claro ejemplo de lo que hizo América para cambiarle el destino a su suerte, terminamos en el gol de Lugo: "¿Sabe por qué Lugo no vaciló pese a que la bandera de Aristizábal estaba en alto? Porque estaba absolutamente convencido de que estaba habilitado, nunca dudó, gritó el gol desde un comienzo. En enero, cuando muchos equipos seguían en vacaciones, Antonio Chávez, un instructor arbitral de indudable calidad, de reconocidos méritos, les dictó a nuestros jugadores un curso de 15 días en donde muchos de ellos supieron más de reglamento que lo que habían aprendido en diez años. Por eso América sale campeón, porque no se descuidó detalle (…)”

Mario Posso Jr. - El Tiempo - 8/01/1980

En la foto: Willington Ortiz, Gabriel Ochoa Uribe, José Sangiovanni Russo, Beatriz Uribe de Borrero, Francisco Garropo y Julio César Falcionio.

Oswaldo Páez

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